Hilacho
Hilacho es un perro xoloitzcuintle leal y cariñoso. Le agrada saltar y perseguir a insectos voladores como las mariposas, luciérnagas y algunos chapulines. Es un fiel amigo con talento sanador. Si permites que se recueste a tu lado puede ayudarte a bajar el nivel de dolor en tu cuerpo. También poseé la habilidad de contactar con las almas de los antepasados para pedir guía y consejo.
Amuleto:
Hueso
Habilidad:
Olfato Desarrollado
Poder:
Amistad
Defensa:
Ladrido Supersónico
¿Sabías qué?
La palabra xoloitzcuintle conlleva varios significados, uno de ellos es que proviene del náhuatl: Xólotl = lampiño o desnudo, e itzcuintli= perro, otros autores descifran que Xólotl es el dios mexica de la vida y la muerte.
Historia
Hilacho jugaba una tarde tibia, a la orilla de un río que cantaba entre las piedras, mientras corría por la orilla, vio una libélula azul brillante que volaba haciendo zigzags.
—¡Te atraparé! —dijo Hilacho, moviendo la cola con emoción.
La libélula subía, bajaba y giraba como si estuviera jugando. Hilacho saltó… dio otro salto… y cuando intentó alcanzarla una vez más…
¡SPLASH!
Hilacho cayó directo al río.
El agua estaba fría y la corriente lo movía de un lado a otro.
—¡Ay! ¡Ay! ¡No sé nadar! —ladró, pataleando con miedo.
Entonces recordó algo muy especial: los xoloitzcuintles pueden escuchar a los espíritus de los antiguos guardianes. Cerró los ojos un momento y pidió ayuda.
De pronto, frente a él apareció la figura tranquila de un gran Calupoh, un perro guardián con ojos brillantes como estrellas.
—Tranquilo, pequeño —dijo el Calupoh con voz profunda—. Mueve tus patas así… una… y luego la otra. Confía en el agua.
Hilacho respiró hondo y comenzó a mover sus patas como le indicaba el guardián.
¡Chap! ¡Chap! ¡Chap!
Poco a poco dejó de hundirse… y empezó a nadar.
—¡Lo estoy logrando! —ladró feliz.
Finalmente alcanzó la orilla y salió sacudiendo el agua por todas partes.
Más tarde regresó con su amigo Wachi, quien ya tenía lista una pequeña fogata.
—¡Hilacho! ¡Estás empapado! —dijo Wachi riendo.
Hilacho se acomodó junto al fuego para calentarse.
—Fue una gran aventura… y aprendí a nadar —respondió con una sonrisa.
Las chispas del fuego subieron al cielo, e Hilacho pensó que, en algún lugar, el viejo Calupoh seguía vigilando y cuidando a los pequeños aventureros.